| La compleja violencia que hoy oprime, especialmente a los y las jóvenes, es producto de desórdenes sociales injustos, que han sido forjados desde las primeras manifestaciones de vida en comunidad. Cuando hablamos de inhumanidad nos referimos a determinadas acciones y actitudes que socavan la dignidad de la persona, entendida ésta como algo consustancial a su naturaleza. Partiendo de la moralidad en la que se sitúan los seres humanos, todos creemos, conjuntamente en la posibilidad de un mundo mejor, en el que, la violencia expresada de una forma estructural, cultural y directa, de paso a la paz positiva en una sociedad más justa y menos violenta. La situación de los jóvenes en conflicto con la ley ha tenido una escala epidemiológica y socialmente significativa durante las últimas décadas. Según estudios realizados sobre violencia, América Latina es considerado el continente más violento del planeta, situación que abarca a jóvenes entre 15 y 29 años, quienes en su inmensa mayoría son los que sufren y perpetran esta violencia. En contextos internacionales, nacionales y locales donde han ocurrido conflictos armados internos, genocidios, donde se ha producido una caída demográfica por mortandad de varones, la población es más joven, son niños y jóvenes entre los 13 y 24 años los que padecen y ejercen violencia de un modo desmesurado. La violencia viene a ser el elemento esencial que se encuentra asociado a los jóvenes y que desencadena una serie de comportamientos atípicos que impiden una convivencia normal con el entorno en el que este se desenvuelve. La violencia se vuelve un problema social cuando es recíproca y se autorregula, es inentendible para el resto de la sociedad donde existe mayor violencia, pero se considera aceptable socialmente. En los colegios, la agresividad se presenta como un reflejo de la inequidad. Pueden influir factores sociales, ideológicos o económicos. En este contexto, nuestros niños y jóvenes ecuatorianos, ciudadanos de un planeta global, enfrentan la embestida de información en ocasiones positiva y en ocasiones alienante de la realidad en la que se sitúan, además de sufrir cada día situaciones donde sangran todo tipo de violencia degradante de la dignidad humana. En Ecuador, 1 de cada 3 niños es objeto de abuso sexual y el 73% de los adolescente que intentó suicidarse lo hizo como respuesta a la agresión sufrida, según cifras de Unicef. La violencia supone la quiebra de la convivencia social y la negación de la razón y el diálogo, mas que una violencia juvenil lo que mas existe es la violencia y frecuentemente sus víctimas son los jóvenes. Son varios factores que contribuyen el aumento de la violencia juvenil en nuestra sociedad entre ellos está la descomposición familiar, la falta de sistemas de asistencia y recreación como apoyos alternativos a las necesidades de la población juvenil, así como la deficiencia educativa la cual se ha caracterizado por un marcado enfasis academista y por la competitividad feroz, borrando el sentido comunitario y la promoción del desarrollo integral de los jóvenes, no podemos olvidarnos del papel socavado que tienen los medios de comunicación al presentar a diario programas que se enmarcan en violencia, transmitiendo mensajes equivocados de convivencia. Cabe señalar que la Educación para la Paz atiende a los fines estatales, ya que según el consenso doctrinario, la paz que preconizamos, los derechos humanos y la democracia son tres conceptos que se requieren mutuamente. Una dinámica de paz implica el cumplimiento de los derechos humanos, y viceversa, el cumplimiento de los derechos humanos engendra necesidad de paz. Por otro lado la idea de derechos humanos lleva implícita la idea de democracia. La nueva generación de jóvenes requiere de habilidades que le permitan involucrarse con la sociedad en general, conocer el mundo moderno y ser parte de los cambios globales. Por este motivo creemos que el desarrollo de este proyecto basado en una Educación para la Paz y la No violencia, en donde se les otorgue a nuestros jóvenes los espacios necesarios, reconocidos y apoyados por la sociedad civil en general, cuyo fundamento se base en la educación que apela sobre todo al ser moral que cada joven lleva dentro, permitirá que la puesta en marcha y conformación de las Brigadas de Adolescentes y y Jóvenes por la Paz y la Noviolencia, constituya en un medio de acción y comunicación con su comunidad, para así realizar actividades coordinadas que contribuyan a mejorar su convivencia social, escolar y barrial.
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